domingo, 12 de junio de 2011

Nomenclátor Poesía: Dos versos elegíacos de aislamiento contradictorio (1)

Nos encontraremos
donde siempre estaré solo.





Mis ojos resucitan de la vida.
Nuestro abrazo lo doy yo solo.





Hojas secas obstruyen el camino:
ya no puedo pasar por él.





Mi estadía consiste en peregrinar,
mi ruta es un círculo diminuto.





Me dejo llevar a los oscuro,
pero se descubre mi condición de sombra ficticia.





La lluvia es una prolongación de tu almohada.
Un poema es un torniquete hecho con palabras.





El silencio es un cráter dérmico que erupciona la noche.
¿A esto es lo que le llaman alegría?





Cuando el silencio aturde,
grito sin voces ni eufonías.





Desnudo está el vidrio de mi ventana;
desnudos están mis pasos en desequilibrio; mi futuro, está desnudo.





Y un alud de pestañas
te precede.





Ahora sé que no es la nieve la que cae sobre la estepa,
sino yo el que asciende hasta el suelo.





Hoy profetizaste el día de ayer. En el pasado está lo bueno que vendrá.
Y lo que vendrá sigue siendo nuestro peor presente.





Mi travesía consiste
en quedarme aquí, donde no estoy.





¿Trinan mis días
los pájaros muertos?





En la cárcel del deseo,
vivo mi libertad más recurrente.





Enumeraré mis jornadas en desesperaciones,
en lo que no soy, en el círculo recto de las noches.





Me marcho de las sombra en plena luz del día.
Desnudo oculto peor mis posesiones.





Extiendo una mano hacia el fragmentario cielo del invierno,
y sólo así puedo tocarme los pies.





Quise parecerme tanto a tu oscuridad,
que terminé siendo yo mismo.





¿Por qué el espejo no refleja lo que concluí y nadie comenzó
o cuando huyo en la inmovilidad? Yo soy quien refleja al espejo.





Me pienso mirándote
para evitar que me mires pensativa.





Siempre hay una hoguera inmaculada
para quemar nuestros arrepentidos ojos de agua sucia.





Cuando me tocás,
mi cuerpo es una puerta hacia la urgencia de las revelaciones.





Parto de la zona prohibida
en un barco desenterrado que nunca zarpa de ella.





Elijo tu cuerpo
aunque la distancia no sea una opción admitida.





Me confundo conmigo,
pero ahora soy otro.





Las hojas secas poblaron mis ojos en otoños distintos.
Y así, a fuerza de mirarlo, tu cuerpo comenzó a oficiar de jardín marchito.





Al no venir,
llegaste más de prisa hasta mí.





Desciendo a todas las cimas.
Las nubes, muertas, se caen de su lluvia.





Y el muro se me hizo camino.
Y las brechas fueron mis límites.





Cuando deje de razonar la noche, improvisaré una lumbre.
Por más que grite no encontraré ningún silencio.





Espero dejar de despertar;
en el sueño es insomne mi vigilia.





Debajo de tu falda se incendiaba un estanque bajo la tormenta.
Subo las escaleras desde el último peldaño.





Déjame franquear las líneas de tu magia,
como niño perdido buscando el encanto.





Hay algo tan inconveniente
como la muerte, y es la vida.





Me quisiste mal
porque tu odio era el correcto.





Todos me esperan
en un lugar que sólo yo conozco.





Para perderlo, busco a quien me busca
para no encontrarme.





Viviré mi noche en el ataúd de la luz,
en el espacio tan abierto de mis propias venas ígneas.





Entre el que soy y el que creo ser,
se encuentra el grosor del espejo.





Ahora que te fuiste,
nuestras batallas se librarán en otros territorios.







Cuando llegué, tu jaula estaba vacía;
ahora tu libertad es mucho más extensa.





No conozco la palabra inocencia;
aún no me he bajado de ninguna cornisa.





Esta noche, me iré con quien se queda,
y sufriré como quien sonríe.





La muerte en la que vivo,
es el fin de mi nacimiento.





El anciano que seré, asusta al niño que fui:
ya mi juventud no me amedrenta.





Y la eterna caída durará hasta mañana,
cuando me llames con mi propia voz.





El precipicio se asoma a mí:
el peligro me protege.





Arrojar una piedra. Correr. Cerrar los ojos
para no esquivar tu boca. La piedra nos golpeará en la espalda.





Ignoramos los trazos del sentir:
aspiramos a las sincronías y demás discrepancias.





Se tendrían que hacer jaulas para pájaros negros
con nuestras cajas toráxicas en huesos, luego de que muramos.





Nos completan nuestras mutilaciones:
estamos cansados de buscar síntomas que se asemejen a nuestras enfermedades.





Desorganizo los espacios del lenguaje, consiento la catarsis:
ahí las jaulas abiertas de mi poesía.





En el vidrio empañado de la ventana del tren, escribes que en el insomnio el cuerpo se enreda en otros cuerpos insomnes.
Pasan meses y yo soplo en ese vidrio y descubro tu amortajada caligrafía y tu cuerpo se enmaraña con el mío, sin dormir y con la estética de la vocación.





Nada más extenso y consecuente
que una prostituta virgen.





Mi vaso, en el medio del río, sigue vacío.
¿Quién me ayudará a escalar hasta lo más bajo?





Creo que estoy escribiendo un poema.
No podría asegurarlo.





Yo no soy yo.
Soy otro que aspira a ser quien soy.





Mis poemas
son las heridas de una hoja en blanco.





Saciando insaciabilidades:
me acosté para tratar de conciliar el insomnio.





Vivimos en una casa a la cual nunca pudimos ingresar.
Las grietas de las paredes están llenas de nuestras grietas.





Depresión es no poder comunicar una agonía emocional
la cual es la causa de esa depresión. La cara que nunca tengo en el espejo.





Decrezco hacia la altura.
La poesía es una enfermedad venérea.





¿Qué es la pureza además
de la mácula llevada al extremo de su rutina?





No hay oquedades posibles:
está tu boca.





Bebo mi sed
para recordar este olvido.





En tu piel desoigo todos los silencios,
mi carne en tu boca es mi única conducta.





En mis memorias reside el olvido,
todo lo demás está en tus ojos.





Mis huellas retornan
pero nunca fueron.





Lo previo a la palabra
es un mapa que sigue mis pasos.





Avanzo tras mis huellas que vienen a contramano de mi avance.
En el laberinto me he encontrado.





La ausencia de mí mismo en mí está siempre presente en otro.
Esta página en blanco ya no me necesita.





Mis naufragios no consisten en hundirme o anteceder
y ocurren siempre muy lejos del mar y cualquier abstinencia.





Elijo aunque no tengo opciones.
Vacío mi vacío y queda la mentira.





La amargura llega y me toma de sorpresa pues la esperaba.
En el lugar de mi caída lo propio nunca ha sido mío.




Temo a la muerte como el que es indiferente a esperar.
Postergo lo que nunca llegará.





Yo también creo tenazmente que la rosa de cobre de Erdosain
es una metáfora de la literatura.





Invento la amargura
que me inventa.





Tus besos me transitan
aunque no tengo caminos.





Tanta confianza en la noche me produce inseguridad.
En lo más laico de la religiosidad se unifican mis desvíos.





No es bajo los árboles donde hallo la sombra.
Todos mis pecados abundan en virtudes.





En tus ojos es donde el vacío
no se renueva.





Tus labios pronuncian mis palabras antes de que las diga
y hacen el duelo por mi nacimiento.





En el muro sin cimientos de la noche
la palabra inexacta redunda en poema.





Se cierran mis puertas para que puedas pasar.
Sé que todo es lo que parece.





Ya es invierno en mi espalda
y tu cintura evade mis aspiraciones prénsiles.





Me convertiré en alguien que ya soy
para poder confesar todo lo que no es secreto.





Si el oleaje se escapa del vaso
nunca podré cubrir tu cuerpo vestido.





Cuántos pajaros dentro del río, remontando la corriente.
Te percibo amarilla como un árbol negro.





Despierto y me pregunto:
¿cuál de mis máscaras no usaré hoy?





Nos encontramos donde no estamos;
somos intrusos en nuestro propio beso.





Me es imposible decir y sin embargo digo.
Difiero tanto de mí mismo.





Nuestros sexos unidos
forman un puente hacia todo.





La fonética de la mudez
me permite accidentar una orgía de equilibrio.





Mis estados de ánimo no son más que pseudónimos.
Mi escritura se empeña en comenzar detrás del punto final.





Tener una mentira sin contar
es engañarse a sí mismo y a los demás.





Tu presencia, tácita, en la noche y en mi cama, me aporta
tu respiración que no se desluce con mi natural asfixia.





Se rompe el espejo y yo,
frente a él, me reintegro.





¿Cómo llegar a donde no hay lenguaje, no hay belleza,
no hay unidad ni estructura, pero hay poesía?





Ya no te recuerdo
pero todo te recuerda.





La noche es un augurio, la carne una sílaba,
y los pájaros nacen en pleno vuelo.





Lastimo a los pájaros porque no sé volar.
Todo lo que termina comienza a ser infinito.





Me abrí el pecho a cuchillazos:
te extrañaba.





No puedo decir de mí más que estoy partiendo.
Qué otra cosa se puede hacer aquí más que morir lentamente.





Destrozo todo lo que había escrito y sólo así,
infinito, se manifiesta el poema.





Siembro mi lengua bajo la tierra
y sólo así humedezco al cielo hasta la tormenta.





Miro hacia arriba
y advierto que gotea el infierno.





Tantos pájaros aleteando en el fuego:
ya no son oscuros, ya no son perecederos, ya no son ceniza.





Arrojamos un vaso de agua a la lluvia para mojarla.
El filo de tus ojos está uniendo mi ceguera.





Estoy solo en la oscuridad del cuarto y siento que la mano de un niño
acaricia la mía. Entonces yo, con mi otra mano, acaricio la de él.





El otro lado
es aquí.





Siempre estoy esperando
el último latido.





El silencio es un grito sin ser gritado.
Un grito es el silencio desesperado que no pudo silenciarse.





¿Quién me está lamiendo las heridas
que estoy por realizarme?





Antes, mis dedos agonizan el tacto que pretendo
para tu cuerpo que huele a flor sin aroma.





Ato mis miedos a un pájaro muerto
y pretendo que sobrevuelen la putrefacción y ninguna otra cosa.





A partir de ahora quiero que me escribas tus memorias
que sean más difíciles de recordar.





¿Qué es un refugio sino
no encender las luces a la noche?





¿Quiénes son los que oran con rugidos,
los que niegan la noche?





Un precipicio se arroja a mí:
pierdo a Dios entre los deísmos viejos.





Ha visto a tantos pájaros cavar túneles bajo la tierra:
ella escapa porque sabe que nadie la persigue.





La mentira me desmiente;
lo que no está sujeto a nada se esconde debajo de tus párpados.





Tu sexo me arranca la saliva,
las gotas de la lluvia se me clavan en la piel como Pizarnik.





La misma muerte una noche antes.
La misma noche una muerte después.





Sobre los árboles talados los pájaros hacen sus nidos:
justo antes de saltar, me doy cuenta que ya me deshice contra el fondo.





¿En qué se parecen una restricción y la desnudez,
la fragilidad y su propia sombra?





Infínjanme dolor para calmarme la anestesia de estos días.
Recordáme y siempre te seré retirado.





Como una adecuación, tus ojos son por sí mismos.
El pasado llegará y nos recriminará que le demos un uso tan recreativo.





La cima abisal de tus ojos:
me dedico a ingresar por todas las salidas.





Una página aún sin escribir
es analogía de tu cuerpo vestido.





La lluvia me repiquetea en las plantas de los pies,
una piedra me golpea el paladar: la belleza es un campo de batalla.





Cerrás los párpados y la noche
acontece como el encenderse de un fósforo.





Vivo porque no vivo:
una tumba me cava para exhumar mi nacimiento.





Anochece inmerecidamente.
En la alcantarilla de un verso somatizo el poema.





En medio de un camino de tierra estoy remando
hacia los sumideros de un pétalo.





Miro la lluvia y veo mis ojos mirando la lluvia.
Y quizá no existan ni mis ojos ni la lluvia.





Una tumba abierta
es la huella de una pisada que se aleja.





Haciendo desmemoria:
siempre me escondí encima de la cama.





Tus cavidades corporales me cortaron los labios y sangré sequías.
El rencor sólo cuesta libertad.





Con las manos deshechas y sangrantes tocaré tus pechos
y daré cuerda a los relojes que relevan tus latidos y destiempos.





Tragabas hojas secas para asesinar al verano
que te surcaba como un parásito, sin traicionarte.





Tus ojos
agotan toda la realidad.





Me sacrifico por enterarme de lo que ya sé.
Lo imposible nos educa.





¿Es la poesía una satisfacción sustitutiva?
Astillas que nadie se clavará nunca.





Comienzo a escribir
para dejar de conocer.





Me dijeron que era muchos en uno.
Pero querría ser uno en muchos.





Celebro que mi boca
guarde aún saliva impropia.





Cuando supe que el caos no era el orden que más me convenía,
admití la revolución conservadora de enamorarme.





Una ventana observa a través de mí:
cuando debemos elegir, inicia el calvario de nuestra libertad.





La intemperie es nuestro más logrado refugio.
Quiero que tus besos sean muy invasivos.





Un laberinto se extravía en mis pensamientos:
el ciclo cesante de la vida.





Las páginas del calendario te arrancaban las uñas.
Tus aciertos fueron tus peores educadores.





Del olvido se regresa:
ese es el sabor de todo río tributario.





¿Ese gesto es una sonrisa
o una imprecación de odio?





He tachado tu nombre
en el vidrio trisado y falto de higiene por el que miro el mundo.





Entre lo inevitable y mi ingle
están tus considerandos.





Sólo veo monstruos
en el test de Rorschach.





Frente al espejo me unifico.
Sólo algo deja de ser nuestro cuando lo obtenemos.





Qué hundimiento más elevado el de cualquier renuncia.
Un encuentro es una variante de una pérdida.





¿Exéntrico o centrado?
Sé muy bien hasta donde puedo hundirme.





Y mis manos cubren tu cuerpo como hiedra en un sismo.
Y tenemos un abismo como techo.





Me niego a ser autor de mis postrimerías.
No es necesario simbolizar tus ojos.





¿Es esto un laberinto de espejos
o por fin comienzo a reconocerte?





Al analogar al ser se da la poesía,
se da el cegarse con un sol muerto.





Un poema es una ardentía
donde siempre participan tus ojos.





Me olvido de acordarme de vos.
Lo que no puede recrearse simbólicamente, sigue siendo lo más puro.





Me sumerjo dentro del río
para defenderme de la lluvia.





Cómo lesionar a la locura -decías-,
cómo administrar toda esta lluvia.





El fuego de tu llanto apaciguó mi serenidad.
A tientas te toco en la luz, con la precaución del que habita la sombra.





La distancia tan cerca de mí;
un muro es mi vía regia hacia los humedales del bajío de tu vientre.





Hay en tu boca materia fecal y reflectantes,
quiero que tus labios me recorran como una metástasis.
(Dedicado a Princesse Sadique - V.C.)





Mi saliva es un afluente de tu sexo.
¿Por qué tu cuello se aloja en todos los poemas que leo?





Toda continuidad, ascenso o antorcha es una sanción para la lluvia.
Desde adentro, espero verme ingresar aquí, a lo inaccesible.





El caos se va haciendo más focal a medida que tus actitudes se emancipan.
La belleza es un mecanismo de defensa.





Pupilas esteparias. Inmigro hacia lo foráneo.
Soy feliz porque la felicidad es un vicio exclusivo del género humano.





¿Por qué la mudez es inaudible cuando desoigo lo que no decís?
¿Por qué el silencio es insonoro cuando la afonía azota a tus labios cerrados?





Me agrada sentir los latidos de tu corazón con mi lengua.
Tus dientes se notan irregulares por las marcas en lo austral de mi carne.





Para hacer que las llamas quemen con mayor intensidad, las apago.
Y tu tacto es lo que queda de esta lluvia.





Todo lo que escribo en mis poemas termina sucediendo;
somos el blanco imperfecto de ese significante.





La poesía instaura una estrategia de iniciación con cada muerte.
Por suerte la poesía nos torna ciegos.





Necesito ser un espejismo de lo que no soy.
Aún resiste un pájaro que no se ha olvidado de cómo volar.





Esta lluvia horizontal incluye labios resecos en sus arpegios.
El silencio es mi gemelo parásito.





De niño arrojaba piedras a un loco que vivía en la calle.
Hoy esas piedras vuelven poco a poco a mis manos y mi sombra se edifica con ellas.





Somos dos pétalos de distintas flores deshojados al mismo tiempo.
Elijo en vos el lugar de mi caída.





He sabido de Dios a través de la indiferencia y la razón.
Mi doble está frente a mi pero... ¿es esto un espejo?





Siempre es preferible sonreir aunque nuestro labios estén deshechos.
No hay nada más grotesco que la realidad humana.





Este cielo nublado no es una cámara funeraria,
es la lágrima de sangre que cae por tu mejilla.





El sol es el estruendo de la luz,
tu muerte es una unidad de medida.





Tus ojos poseen disciplina de acantilado,
por eso tus pupilas están instituidas por genistas.





Después del sexo la lluvia sigue siendo un malentendido:
he ahí la verdadera castidad.





La belleza es una indiscreción, un conflicto defensivo, un equívoco anómalo.
La belleza es un leit motiv no repetitivo y tengo baja tolerancia a ella.





Morimos con las ramas pero no sino a través de los nidos.
Entonces la vida comienza a tener algo de sentido.





Hay un pinar en tus pupilas.
¿Por qué extinguir mis manos de alrededor de tu cuello?





La autopsia de la lluvia arrojó como resultado tu testamento inoficioso.
Hoy la muerte da a luz la tumba de mi nacimiento.





Siendo muy niño vi llorar por primera vez a un anciano. Así aprendí que la tormenta no existe sino en el temblor de las manos, que la amargura nunca se pauperiza.





No estás detrás de un cristal:
sos la rajadura de ese cristal.





Entre el que no podría ser y el que no se sabe que soy
existe un espejo inestable.





En la poesía no existe la piedad.
La lluvia es un espejo demasiado ineficiente.





Qué bueno es morir y ver un túnel al final de la luz.
Entonces mi agonía se va fragmentando en árboles.





Me emularé en las palabras hasta que mis años se encuentren
con el todo del comienzo, hacia atrás del nacer.





Tu aroma engendra mi espalda arañada. Mi espalda arañada está escrita en una página:
escribir una página es tu aroma.





Introspección:
tumulto abisal donde empiezo a tener miedo.





El hecho de inyectarnos el cielo nublado es el fiel de la balanza.
En un platillo de la misma están todos los partos más tristes. En el otro, yo: hemos logrado el equilibrio.





Nunca volví al cementerio donde está la tumba de mi padre.
Me dediqué a equivocarme y así evidenciar la combustión espontánea de las palabras talladas en su lápida.





Sólo quiero rodearme de elementos muy poco exóticos: un destino que no me ofrezca futuro,
dos ventanas y el pulso irregular que me palpo en todo momento.





¿Para quiénes escriben los que escriben en mi?
Sólo se puede morir, en definitiva, de una sola cosa.





Nos leemos a Borges con gemidos:
hemos trascendido el sexo.





Decime si todo ésto
es demasiado arbóreo para vos.





Estas líneas son muy previsibles
ante una mirada muerta.





Nuestra cama es un teatro de operaciones:
luego quedan las sobras que tu perversión siempre apetece.





La nieve cae copo a copo sobre la tundra, cada uno en el lugar que le ha sido designado
por un orden superior que no me interesa comprender ni utilizar.





Podemos vivir sin palabras.
La poesía es asumir un riesgo.





Logofilia: expresión comportamental de la sexualidad
en la que se gusta de leer.





Confío en que todos los sentidos confluyen en tus ojos, en cierta excreción
y en el propio lado izquierdo del córtex cerebral.





Deshago todo
para rehacer tus deshechos.





Querría que las palabras que uso no abarcaran nada.
Un lenguaje que vacíe el lenguaje.





Martillabas mariposas.
La poesía es una reptición permanente de caídas hacia el margen.





¿Nuestra horizontalidad dejó de ser casta?
Entonces agradezco a tus fluidos la compulsión de cada embate.





¿Una metáfora es una intimidación?
Y esta luz que no revela sólo me cura las heridas que me provoca el hecho de que no te hayas ido





Con una grieta de tus labios secos me corto las venas del cuello.
Una mentira no creída se torna en la verdad más inmaculada.





Cuando las aguas densas del río sean nuestro cortejo fúnebre,
nuestra fantasía cobrará vida impropia.





Y así la noche cierra sus piernas,
pero yo estoy entre ellas.





Resignificar la desmesura, establecerla en las cuencas vacías de mis ojos.
Tu sexo excitado es un atajo hacia el océano.





La creación no existe; lo único ascequible es la re creación.
El cielo de tu imagen unificó todos los métodos de la belleza.





Para tus ojos no hay categorías. Tus ojos son.
Cualquier sistema es un disimulo permanente.





La tierra, descrita desde el abismo de lo terrestre, es cielo.
El silencio forma parte de algo mayor que la palabra.





Cada gota de lluvia está constituida por un diluvio.
Me salvo de mí mismo hundiéndome en la belleza.





Coloco un espejo frente a otro y en ese efecto de repetición que surge, en ese laberinto infinito de la imagen
que se clona a sí misma, de pronto se halla una grieta, un colapso óptico; sólo de allí puede nacer la poesía.





Hay ciertas maneras de perder la razón que me recuerdan
a cuando aprieto el gatillo que significa mirarte a los ojos.





Y ahora la infancia es sólo el rozar con las pestañas
los pechos de una mujer en deshuso.





Afilo tus ojeras y con ellas acuchillo lo que no fuimos sin que nos importara esa ganancia.
La poesía en acto.





Tu lengua como un laparoscopio.
Una vela encendida en medio del desierto es un hecho muy malintencionado.





Hacemos lo imposible
para lograr el desequilibrio.





La palabra en el poema es la consecuencia
de un rasguño, de ciertos lugares de desencuentro.





Las lágrimas
ya no esperan por unos ojos.





Las palabras se arrojan al vacío en un suicidio indispensable,
pues sólo así se establece un poema.





Un poema es lo inesperado
ante cualquier límite.





Querría saber cómo hacer para que las palabras quedasen fijadas al papel
y no reaccionaran como un estallido de exilios y pájaron que nunca despiertan en pleno vuelo.





Antes te utilizaba como espejo.
Ahora te uso como mi propia imagen.





Estas pocas palabras,
son mi triste manera de existir.





El lenguaje es inocente:
sólo puedo hablar con el abismo.





Entre la nieve del día blanco, vestida de sedas y piel clara, bajo las nubes, con la voz encalada,
entre los árboles lechosos y las hojas seminales, sobre los charcos de algodón, estás sucia.





La muerte es inmortal y viene desde la nada,
de la que nunca parte y sin embargo llega siempre a todo.






Nada más irrespetuoso que la muerte.
Nada más muerto que el color.





Me desvestiré de negro para negar los rugidos de la claridad.
Y mi llanto, como bien sabés, está edificado con la madera de un trino.





Tu lengua es un túnel y una costumbre.
La humedad es un lienzo donde suelo no esbozarte





Cuando las acciones del lenguaje se me tornan una máscara,
una malintención y una catástrofe, yo escribo.





La curva de Koch, el triángulo de Sierpinski,
el polvo de Kantor y tus ojos.





En tu rostro una poética labial me besa y me susurra
el culto de compartir para siempre lo que se ignora de la lluvia.





La noche es la escencia,
las palabras son sólo su remanente.





Comienza a llover y te movés entre las gotas
sin que ellas te toquen, inquietantemente mía.





¿Por qué es tan evidente que el mar es un apéndice de la ola o que los trinos
generan pájaros a partir del pico cuando lo foráneo a la poesía queda abolido?





Mirarte donde se podía verte, donde se puede verte o se podrá verte
no es mirarte.





Sólo hay un rezo posible: una herida. O quizá dos: una herida y una sanación.
Quizá haya tres rezos posibles: una herida, una sanación y tu cintura.





La primera palabra que escribiste
y la primera lágrima que imaginaste han sido la misma.





La lluvia se retracta y la muerte de un niño es esa retractación;
la muerte de un niño que también cae del cielo, pero desde abajo de la tierra.





Te dormiste sobre mi pecho
para demostrarme que la belleza es un bien acariciable.





La poesía es una ética fuera de otra ética.
Un colapso es sólo una mañana. Tan frágil el mediodía sin mí.





La belleza es una construcción
remanente de un ruido en el mensaje.





¿Y qué si quiero
ser tu transpiración?





La poesía es un sistema muy sensible
a las variaciones en las condiciones iniciales.





Atractores extraños y fuerzas contrarias que se jalan la mañana.
Tus ojos revelan la trayectoria elíptica de un sistema en movimiento caótico.





Un sueño dentro de otro sueño que está a su vez fuera de un tercer sueño:
sólo así puedo definirte.





Pensás todo menos la poesía:
ella se piensa sola.





La belleza es un riesgo permanente.
Sabrás adjetivar estos puentes sin vivir en el intento.





Una flecha se dobla y se clava a sí misma;
pero antes apuntó a tus desbordes.





Siempre me emociona lo no dicho.
¿Cómo desaprender a perderte?





Nos dice la física que si la materia y la antimateria colisionan, se suscita una gran energía.
¿Si colisionan un poema y un antipoema, también se accederá a una especie de estallido? Este potencial sino energético es lo que sigo buscando.





La nada puede ser inestable.
La poesía puede ser inestable.





Se denominan neuronas espejo a una cierta clase de neuronas que se activan cuando una persona
desarrolla la misma actividad que está observando ejecutar por otro individuo.





En tus ojos se mensuran las cortezas, se circunvala lo telúrico, la serenidad torrada y leñosa;
la opacidad melífera de tu campo visual, la norma estricta de tales astillas pupilares, dos estacas del tiempo.





¿Está la poesía atada al tiempo y al espacio o su trascendencia
sería también una carencia, de límites y descuidos en igual concentración y estigma?





¿Si escribo un poema en un espejo podría multiplicar su alusión a tu boca variando el ángulo
reflectante hasta que uno de esos ecos visuales coincidiera con mi boca que recita el poema?





...la autoexpropiación
de generar literatura.





Pluralizo los alcances de mis labios.
Un poema somático te define aquí entre mis brazos.





Tus ojos se vierten de la marea de una gota.
La marea de una gota se vierte de mis creencias.





¿Y si el lenguaje alusivo procurase claridad?
Cada poema crea a su propio poeta.





Tu desnudez es el nido de un pájaro hirviendo:
la poesía aplicada.





¿Será que mis palabras son costras de la herida
cicatrizada del abandono que supone el poema?





Me beso en los labios a mí mismo
como un caníbal del deseo y la distancia.





Sos un puente que está aferrado a sólo una de las márgenes, pero está aferrado por tan sólo mis ojos.
El hecho de pretender modificar el paraíso ha sido siempre tu ecosistema.





Si por ejemplo ignorásemos qué es una flor,
podríamos conocernos realmente y conocer al mundo.





Los pájaros, dentro del río, repiten los movimientos de un pez fuera del agua.
He mordido tu corazón. Mi risa es tu latido, tu diástole con aliento a malvones.





He sembrado y cultivado amorosamente,
hasta verlo crecer muy grande, este humilde precipicio.





Cuando la noche se muera, quempa su cadáver
y arrojá sus cenizas sobre mí.





Quiero que te lleves de mí esta agonía y que la entierres,
pero sólo donde mis manos puedan alzanzarla.





Un bosque de uñas ha arañado mi espalda y mi sed.
La lluvia es un resumen de tu cuerpo.





En tu reflejo siempre fui un cadáver, pero en realidad sólo era una tumba.
La lluvia nunca es discreta.





Una red de noches une al mundo
y eso es tu cabello.





Quiero que tu boca
escanee todo mi cuerpo.





Las gotas de la lluvia
son nuestro calendario.





La primavera ha rudimentado su ictericia
por todo el sauce que me lleva hasta tu pulso.





¡Con qué frecuencia andan tus ojos
por el área de Wernicke de mi cerebro!





Si el ruido cae en un bosque y no hay ningún árbol
que lo desoiga, ¿se cayó realmente?





Tus ojos son un mantra que pace por mis días y elocuencia onírica
como patrón que me perjudica esta sensación de asco.





Escribir poesía
como preparación para la locura.





Hay una profecía que habla de tus labios,
los cuales están por suceder en un lugar muy poco explicable.





Parpadeando muy rápido
comprendí tu cabello.





Sé que la noche contiene otra noche -sin las sobras de tu mirada glauca-
que contiene a su vez mi interior.





¿Cuántas compuertas deben trasplantarse para agregar
una ausencia que quepa entre tus muslos?





Camino de evolución:
la empatía.





El rebote especular del lenguaje en tus ojos y la isometría del miedo
me continúan hacia el concepto de que el poema debe reescribirse solo.





Me deshago
como vos me harías.





Cuando el labio no mordido es mordaza,
la lluvia es un grito concensuado.





Si pienso en pensar, simplifico el pensamiento.
Cuando no hablo de mí, soy el mismo del que hablo.





La herida estaba escrita con caracteres muy poco ofensivos,
por eso le recomendé a la lluvia que repitiera mi entierro.





Para soltarme de mí mismo dejo de aferrarme a tu mirada
y sólo así puedo padecer la luna de estar desenamorado.





Instalo tu imagen alrededor de cada pared.
Me piden ayuda desde mí.





Este golpe sin contacto hizo que el mar quiera secarme de sí mismo,
que la noche ya no se compruebe en mis graciosos pedidos de auxilio.





La niña pregunta a su padre: "desde cuándo está lloviendo"
y su padre ya no va a regresar.





Si la decadencia fuese naufragada en gotas
no serías su desnudez ni su recato.





Bajo el océano
la lluvia es siempre árida.





En el temblor de una hoja,
una migración de disonancias. Y la música mirando.





Vivo indirectamente a instancias de mí mismo.
Perjudicás al rosal cuando lo mirás.





La niña, abusada por la música,
llora un requiem de armonía muerta.





Sólo pueden ser parte de un poema
aquellas palabras que se te arrojan al cuello.





¿A qué causalidad responden los trazos de las nervaduras de las hojas secas?
¿A qué causalidad responden los trazos de mi caligrafía en un poema que se refleja en el metal del broche de tu corset?





Me dedico a mirar por todos los ojos de las cerraduras,
y cada vez que observo a través de uno, veo tu pupila del otro lado.





¿Será que se puede hacer el amor
sin que caigan las hojas secas de los árboles?





El trueno es la única manera que tiene la divinidad
para balbucear el sentido de lo pagano.





Entonces los copos de nieve eran diademas
que no caían: sólo se prosternaban en la estepa.





Tu mirada es la reflectora especular de la poesía.
Sos una represa para el tiempo.





En el aviario de tus ojos reconozco una jaula cuyos barrotes son charcos ópticos.
Cierro el puño y abro el aguacero.





Una tormenta de ventanas ha completado de vidrios rotos el suelo sobre el que agonizo.
Y los pájaros ya no anidan en las ramas de los árboles, sino en sus raíces.





El incendio de las palabras no sirve para quemar
el papel sobre el cual están escritas.





Me palpo buscando el tumor.
Me palpo buscando las flores.





Con mi padre somos la misma ceniza en tumbas distintas;
él bajo tierra y yo bajo el cielo de la noche.





He soñado una estepa cubierta de nieve en un día blanquísimo de luz
-en la cual se erguían los abedules deshojados-, donde me veías sin mirarme.





En el poema las cosas no ocurren por primera vez,
sino por la vez anterior a esa.





Lo trascendental no es la llegada.
Tampoco la salida, sino el momento previo a ésta.





Qué triste que la lluvia
termine habitando bajo los zapatos.





No puedo rehabilitarme de la lluvia.
Tu espalda desnuda es el telón de mi escenario.





Las características sismológicas del poema
obedecen a tus caderas.





...entonces la noche
escribe por mí.





A veces imagino que la poesía está prohibida
entonces todos los poemas son clandestinos.





Escribo para
desconocerme.





Bajo el mar el fuego no produce ni redes ni desoves
y el humo es un arrecife vaporoso.





Arrojo un leño a unas palabras
para crepiten hasta ser poema.





Las marcas de tus uñas en mi espalda caligrafían nuestro sudor
que alterna con una corchea de movimiento.





Si lo dije en voz baja,
lo sentí en voz alta.





El genoma del poema
rivaliza con todo lo que ignoras.





Un poema biológico
me está mordiendo el labio inferior.





Las balas que son tus pezones.
Tu piel que hiberna entre mis dientes.





Tu boca acampa en el sobretrazo
de las semifusas de mis gemidos.





El sudor de las olas
pervierte más tu rocío.





Estos versos pelágicos
ya no laten entre mis muslos.





El testimonio de mi ser perdido, de la extraña huida
que significa evolucionar, es la falta de flores sobre la tumba de mi padre.





Sólo pido, de rodillas, que nunca se me comprenda por completo,
que nunca se me niegue la sobrecompensación de la duda.





Cuando algo excede nuestra capacidad
de imaginación, se transforma en real.





El poema es un desentendimiento pleno de lo creado.
Siempre hay más realidad que descubrir; es la misión del poema.





En el devenir del tiempo del espejo, en la transitoriedad perversa de la imagen duplicada
se producen cortes, como excepciones. Sólo de cada una de esas pausas puede germinar un poema.





Tus ojos inscriben en los destiempos una cesura y una discontinuidad;
los poetas saben que si ciertos párpados se cierran, pueden desaparecer varias palabras del idioma.





Un poema es la única raíz que puede equipararse
a su propia ausencia o a una ausencia impropia.




Cuando hablo, me tiembla la voz; cuando escribo, me tiembla la caligrafía,
cuando callo, me tiembla el silencio; cuando tiemblo las palabras te denuncian.





Tensa el arco al extremo en el poema y luego déjalo ir de golpe y piensa por primera vez en cierta boca.
Quizá la flecha ya acicatea el aire, quizá se clava ya en la diana; es lo que menos importa sobre el papel y sobre los labios.





Admiro a los escritores que no tienen tiempo para escribir.
Admiro los lenguajes que no tienen traducción posible.





El poema es ese punto inexacto, fugitivo y terco
entre la palabra y el silencio.





Me he ganado el favor de los locos, me he postergado
como la lluvia que embosca, como la devaluación de mis manos.





Tus ojos son la proyección de mis emociones
sobre la totalidad de lo existente.





Este lago tan manso, esta tregua líquida es, entonces,
no otra cosa que un estado de atención concentrada.





Y que amanezca dentro tuyo, y que el sol, conforme las horas se sucedan, trasponga lo profundo de tu cuerpo
hasta que de tu boca emerjan rayos de atardecer, y que me des un beso quemado de arreboles en el horizonte.





El mar visto a través
del ojo de una aguja.





Cada vez que muere un poeta -o nace, da lo mismo-,
habría que arrojar un puñado de sal al mar.






Cada vez que dormimos, experimentamos varios sueños.
Entre cada uno de ellos, está tu cintura.





La trama simbólica
de tus parpadeos.





Desaprender la nieve.
Rodar por las escaleras del lenguaje.





Quien escribe un poema,
es náufrago de su propia escritura.





Mecanografío el fuego, los jardines líquidos de tus ojos,
las melodías de todos y cada uno de los reflejos.





El cielo nublado
sólo son tus ojos mal pronunciados.





La torsión de las palabras puede degenerar en un quiebre
que estimule mis gritos debajo del agua.





Estoy castigado de cara a la pared
y esa es la única manera en la que puedo ver tu boca.






La vida está estructurada como un lenguaje.
En cada pérdida comienza un verso.





La marca de una caricia en la piel.
El oleaje de la entrepierna.





Tus ojos son
la intemprerie que no cede.





Las sombras de las ramas de un árbol
al viento, deciden mis movimientos.





Ahora tus cabellos son las ramas de otro árbol.
Y una vez más es un pájaro tu cuero cabelludo.





Sufro de pájaros en las piernas,
sufro los clavos de nuestras sábanas transpiradas.





Aquí nadie le da uso indebido a la noche.
Voy colgado de un jardín.





Me precipito en la poesía para no adicionar la contrariedad
de desconocerme a la incertidumbre de saber quién soy.





Tu piel releva otros mundos
y crea este.





El primer sentido de la palabra
está en tus lunares.





El sistema sucesivo de tus miradas, con sus encadenamientos, implicaciones
y consecuencias, le quiebran el bastón blanco a este poema.





Tus ojos son mi necesidad de ser mirado.
Cuando lo que siento me derrota, escribo.





La perfección es un estadio provisorio.
A la dimensión última del lenguaje, le vas pasando los labios.





Mi vida cabe en un grito.
Que la palabra sea lo que nunca debió ser.





Mi agonía tiene la vestimenta en jirones.
Mi alumbramiento lleva la ropa limpia. Yo voy desnudo.





Soy quien sueña y soy el pájaro que sueño, soy su vuelo y su caída, soy también la fantasmagoría
y todos los objetos del sueño, soy el sueño mismo y soy también quien me sueña.




Soñé que era el invitado indeseado de mis poemas, que era su pasajero maculado,
Su riesgo, su exiliado, su superviviente, sus memorias y provocaciones.





 
El deleite estético que impone tu boca,
descansa en mi saliva como fundamento de atracción y repulsa.



 

En la correntada de tu cabello me inicio.
Afirmo mi existencia a través de tus facciones.




Mi imaginación actúa en la percepción consciente, en tu cuerpo,
en la forma en que me miras, me hueles y me preconizas.




 
Ascensión y caída de lo que considero el silencio.
Allí culmina el abismo.


 


 

Escribo entonces para descubrir
si el concepto de Dios es serio.


 


Lo único que se puede hacer con un poema es corregirlo.
Es como corregir el texto de la vida.






La tierra se desnuda en los muertos.
La tierra cuelga del cielo a través de la lluvia.


 



La poesía es una oración no dirigida a ningún dios.
Somos un experimento fallido de la muerte.




 


Mis manos son mías con el permiso de tus pechos.
La poesía nos señala los caminos no tomados.



 


El poema es fuego y el fuego es un resplandor
que sólo lastima cuando acaricia.

                                                                                                   




La poesía es belleza
que no ha sido delatada.






Te necesito tanto porque me incompletas.
Hoy es la palabra lo que me deshumaniza.





No creo estar hecho de tiempo,
sino más bien de distancia.







Este era el camino hacia tus senos.
Camino que ya nació conmigo.

15 comentarios:

  1. Extraordinario. Felicitaciones.

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  2. Me gustó mucho. Veo lugares de encuentro.+ Soy VC.

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  3. Lúcido y profundo. Sos un poeta extraordinario.

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  4. Elegante y talentoso!

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  5. excelentes vesos!
    "Mi estadía consiste en peregrinar,
    mi ruta es un círculo diminuto."

    ése me encantó!

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  6. Poemas lacónicos y muy inteligentes. Bravo!

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  7. Vale, qué emoción descubrir tu blog. Escribes increíblemente bien, es raro toparse con gente que use las palabras de esa forma. Estoy conmovida. Un saludo.

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  8. Un poeta de talento superior. Te admiro!

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  9. estos últimos versos realmente me llegaron, tu poesía siempre me deja reflexionando, algo así como lo que hace Porchia en "Voces"
    Y sí: "cada poema crea su propio poeta", como bien lo dijiste
    Me tomé este merecido tiempo para leer estos versos, con la profundidad que se merecen
    Saludo grande! y a seguir escribiendo!!!

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  10. Eres un gran poeta. Adelante!

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  11. Romano, me hace acordar a un minirelato mío:" Cuando por fin reconoció en los ojos de su asesino a sus propios ojos, se dio cuenta que estaba delante de un suicidio".
    Como siempre un gusto darse de golpes en la boca!!! Susan.

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  12. Un poeta de gran talento.

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